domingo, 27 de septiembre de 2009

Happy



"LA VALLA", por Mireya Sagarra:

"Me gusta la gente que es capaz de perder los papeles, hay que tener valor par estar un poco loco. ¿Quién dicta las normas de lo que es estar cuerdo? Las dictan quienes miran tras la valla de lo que procede. Esa valla es la que hace que nos quedemos donde no nos gusta, que digamos si cuando queremos decir no, porque estamos demasiado preocupados por lo que quiere el otro....Y así acurren los desengaños. En relación al caso real y reciente de una modelo que interrumpió una entrevista para buscar un pintalabios en su bolso...hay quien dice que eso es hacer el ridículo.. También los hay que no pasan por debajo de una escalera porque dicen que trae mala suerte , y todo el mundo es comprensivo¿ Un pintalabios es menos importante ? No"


Quien aquí escribe pertenece a esa especie de personas algo locatis de las que no pasa por debajo de una escalera, tocan madera sin patas si se cruza un gato negro y se doblega ante todo tipo de manías propias de Jack Nicolson en la película "Mejor Imposible", y lo gracioso es que no lo hace porque sea supersticiosa, sino porque la parte gallega que le corre por las venas le recuerda que "las meigas no existen, pero haberlas haylas", y que no se pierde nada por tocar madera o por no dejar el bolso en el suelo, no sólo porque dicen que se va el dinero , sino también porque en el suelo tirado te lo pueden robar, y además molesta. Pero para cuando llega esa segunda explicación ya no alcanza a escucharla el oyente de la primera que , claro , a esas alturas, ya me ha tomado por loca. Así que en este terreno de las supersticiones tampoco he encontrado mucha comprensión. Nunca me ha importado.


No se si fue en la segunda entrada que publiqué en este blog a principios de año "Comedia Involuntaria"( en alusión a un artículo del mismo título de Bárbara Alpuente) la primera vez que hablé de las personas "happy" , nombre que encabeza esta publicación. Ya decía entonces que la escritora reivindicaba la Comudia Involuntaria como un género que no consistía en otra cosa que en reirse de uno mismo y de las sitiaciones aparentemente trágicas que nos suceden y nos seguirán sucediendo en la vida.También a mi me definen, y en el lugar menos apropiado para ello, en el trabajo, mis funcionarios como una persona "happy". Así que no es dificil imaginar como puedo ser fuera de mi jornada laboral. No es propio ser "happy" en el horario de guardia , pero no cambio por nada muchas de las sonrisas que he motivado o me han motivado a mi en un lugar que se hace tan triste muchas veces, como es un Juzgado.


Y , como "happy" que soy, defiendo las supersticiones, igual que defiendo tipos de comportamientos que se catalogan, como dice esta trocito de artículo trascrito, como ridículos, porque defiendo las personalidades marcadas , o más bien desmarcadas . Es decir , me inspiran admiración las personas que , como Don Quijote , son capaces de parecer( que no ser, igual que el que parece tonto la experiencia me ha demostrado que normalmente no lo es-líbreme Dios de las aguas mansas, que de las bravas ya me libro yo), de parecer locas. Bien sea por superstición, por manías adquiridas del conocimiento de uno mismo o por imitación, cuando esas acciones que los demás consideran absurdas o incluso dignas de mofa ( y es que tristemente la felicidad del alegre despierta la mayor de las envidias que yo he visto jamás), hacen que la persona que las lleva a cabo sea portadora de alegría y de gracia , bievenidas sean porque ya bastante gris es nuestro día a día. No se quien dijo que el que con su alegría alegra al amigo , merece el paraiso. Yo tuve una amiga así , como la del artículo , que era capaz de dejar a cualquiera con la palabra en la boca si necesitaba pintarse los labios, esa amiga también iba cantando por la calle si se lo pedías o te dejaba notas escondidas en el pupitre cuando no la veía nadie. Fueron algunos de los mejores años de mi vida. Por contra no hace mucho tiempo me encontré en una mesa en una celebración de cumpleaños nada seria, más bien jocosa, sugiriendo ingenuamente que se encendieran las velas con cerillas, en vez de con merchero , que traía más suerte , y cual no es mi sorpresa al escuchar un comentario del tipo " ya está esta con sus tonterías". Luces y sombras. Así es la vida. Ellos se lo pierden.


Otra de las razonas por las que demando el enaltecimiento de ese tipo de personas y de sus conductas maravillosas es la misma por la que también reclamo respeto por la valentía, . La razón es que , parafraseando otra vez el artículo , "hay que tener valor para estar un poco loco". Escuché una vez a un presentador de televisión decirle a un invitado que reconocía haber perdido los papeles en la entrevista, que "cuando se pierden los papeles , se gana la vida". Y no sólo esa locura o esa pérdida de papeles, que no es más que la alegría de vivir, que no es más que ser un poco "happy", y que no es más que ganarle una pequeña partida a la vida, despierta las peores tirrias; también el coraje de ser diferente y el arrojo para demostrarlo importándote un bledo lo que piensen los demás hace nacer los peores instintos de los envidiosos que no pueden ser "happy" , que no pueden ser como nosotros. Así que dedicadas mis palabras a todos los "happy" de este mundo que sin ellos sería un poco más triste porque, como en la película, mejor imposible.


Emma Peel


lunes, 21 de septiembre de 2009

VIVIR

Bárbara Alpuente.VIVIR. Revista Yodona.


"....la razón nos engaña y afirma que la vida es así, y que esto es lo que hay...Es más facil pensar que no hay nada que hacer, que mejor nos quedamos como estamos y que cada uno es como es, sin darle al otro la oportunidad de ser de otra manera. A lo mejor preferimos que sea sí, que nadie nos rompa los esquemas e intentar evitar que nos visite la intuición durante el sueño, cuando por fin bajamos la guardia, para advertirnos que el mundo nos lo estamos inventando, y que además nos lo estamos inventando mal..Tiene su lógica , si lo que uno recibe del exterior es el mensaje de que su misión en la vida consiste en trabajar y ver pasar el tiempo. Hemos montado una plataforma pensada para distraer, que no es otra cosa que desviar la atención a otro lado. Hacia el lado donde se ahogue la voz interior que te susurra que estás viviendo a medias, que eres mucho más que un individuo anestesiado en el sofá perdiendo minutos irrepetibles ante un reportaje sobre sandías gigantes de Huelva. Tenemos terror a escucharnos..Vivimos sobre una fe quebradiza que se sostienen con sus últimos hilos. Los que nos negamos a pensar que, como decía alguien, el hombre es una casualidad condenada a morir, nos preguntamos cada día por el sentido de la existencia...Y la razón se niega a entender que NO SOBRA UN SOLO SER HUMANO EN EL PLANETA. QUE CADA ALIENTO ES ÚNICO, y aporta al mundo lo necesario para no morir de pena.Lo necesario para que el desasosiego no nos secuestre el alma, y sentir en la boca del estómago el latido de una granada de mano a punto de estallar. VIVIR NO ES NADA FÁCIL, ESTÁ CLARO. PERO VIVIR A MEDIAS ES INSOPORTABLE."


Creo no haber sido la única a la que al leer estas palabras se le han puesto los pelos de punto, o por lo menos no ser la única a la que la esperanza y esa fuerza que viene desde el interior de cada uno le ha hecho ponerse alerta y darse cuenta de que eso es precisamente lo que una hace desde hace muchos años cada día: vivir a medias; y que eso , aunque sea la tónica general, no es normal; y que eso, ya que a algunos estamos acercándonos peligrosamente( y si hay suerte) a la mitad de nuestra vida, es precisamente lo que no queremos seguir haciendo.


Por eso, como digo, apelo a la esperanza, esa cosa tan rara que no se sabe por qué se tiene, pero que se tiene. Porque a la mayoría de nosotros nos enseñaron a ser prácticos y a no mirar demasiado a "los lados"porque no interesaba; a estudiar carreras que nos permitieran vivir para trabajar cuando debería ser al revés; a encontrar una pareja para formar una familia sin cuestionar lo que eso acarrea ; a dosificar nuestro tiempo libre entre actividades planeadas y dirigidas que poco o nada dejan a la intuición...porque a la mayoría de nosotros nos resulta más cómodo pasar por la vida de puntillas y hacer como que aquí no pasa nada, como que esto es lo que nos ha tocado vivir y no hay solución. Por eso pienso en la esperanza.


La esperanza de que nos demos cuenta de que hay otra manera de vivir. Porque resulta que si que hay solución. Que , aunque haya que levantarse a desgana para ir a currar cada día; aunque nos acostumbremos a una rutina matadora en la que hay que( siempre "hay que") llevar a los niños al colegio , meter horas en el trabajo, comer , seguir trabajando, ir a buscar a los niños al cole, llegar a casa, ir al gimansio , cenar y dormir, y al día siguiente otra vez lo mismo. A pesar de eso siempre seguirá quedando espacio para vivir del todo. Porque todas esas actividades diarias se pueden hacer con ganas , intentando enseñar, intentando aprender, intentando ilusionar e ilusionarse , intentando iluminar el día a los que están a nuestro alrededor, intentando comprender que cada día, cada beso , cada café , cada sonrisa o cada mirada son únicos. Y porque , si tienes suerte, no sólo hay espacio , sino también tiempo para llenarlo con una vida al completo. Es más fácil no pensar, no hablar de cosas trascendentales que den lugar a conversaciones enriquecedoras y que puedan despertar al mostruo filósfofo que llevamos dentro todos y nos obligue( horror de los horrores) a cuestionarnos el mundo; no leer un poema o un buen libro; no disfrutar de la lluvia ( maravillosa para mi la de mi norte) ni del verde que ocasiona; no reirse con un compañero de trabajo porque no hay tiempo; no reirse de uno mismo , no vaya a ser que los demás piensen que estamos locos; no reinventar los besos con nuestra pareja de siempre cada día. Es más fácil porque no requiere esfuerzo, pero-estoy con Bárbara Alpuente- es insoportable vivir así.


Emma Peel

domingo, 13 de septiembre de 2009

Paisajes del alma





Para qué sirve un paisaje
DAVID TRUEBA director de cine
Dominical 30/08/09

"... Un paisaje es un espejo donde estás tú frente a la belleza o grandeza de la vida. Por eso ningún paisaje es dos veces el mismo, como nadie es el mismo en dos momentos diferentes de su vida... Lo hermoso de un paisaje es la significación que cobra para nosotros cuando lo reencontramos o cuando en un momento determinado se une a nuestro estado de ánimo y es como si uno se marchara con la montaña a cuestas, la puesta de sol grabada en la piel o el arroyo metido en las venas.

Un paisaje puede ser como una canción hortera, de esas que nos obligaban a oír machaconamente en los veranos de la infancia y que nos descubrimos tarareando 30 años después, porque, sin quererlo, se nos metió dentro...Un paisaje puede parecerse a ese poema que leemos una tarde y parece que está hablando de nosotros, que lo habríamos escrito nosotros si hubiéramos sabido poner una palabra detrás de otra con tino y gusto. Lo bueno de un paisaje, de un paisaje que te habla, es que tiene algo de superior. Sobre nosotros ejerce una potencia que sólo nos puede llevar a la sumisión. El que no se siente pequeño frente a una costa, una laguna, un bosque o un riachuelo, o es tonto o es un ególatra irremediable. El paisaje estaba allí antes que nosotros y lo estará después si lo respetan, sobretodo en este país de asesinos de paisajes. El paisaje puede ser un bofetón, un abrazo, una caricia o una puñalada, depende de en qué momento te enfrentes a él. A veces un paisaje ha estado delante de nosotros toda la vida y sólo lo descubrimos muy tarde, cuando nos toca despedirnos de él o reencontrarlo después de demasiados años de ausencia. A veces, uno tiene ganas de gritarle a la gente: menos autoayuda, menos pastillas y más paisaje. Más enfrentarse con la grandeza de verdad desde nuestra fantástica pequeñez.. Pero no lo dices, porque tú mismo has tardado demasiado en descubrir lo importante que puede ser aquel paisaje"

Leí este artículo sentada en el "loop bar" de Bilbao junto a mell boy hace ya dos semanas justo cuando hacía dos días que acababa de redescubrir mi último paisaje.Llegué a esta cuidad hace ya año y medio y tuve la azotea desde la que esos días antes había redescubierto sus vistas desde siempre , es decir , desde que alquilé mi piso de soltera de la calle lersundi.
Aquella tarde de agosto hacía mucho calor y, después de dar un baño de sol a mi libro y a mi misma , buscando un poco de brisa, salté de mi hamaca al balcón y me quedé atontada viendo caer el sol sobre los tejados naranjas por los que me hubiera gustado correr como una niña, si no hubiera habido serio riesgo se romperme la crisma; y admirada por el contraste que hacía con la luz y con el agua de la ría las alas grises que , como un trozo de papel albal mal cortado para envolver deprisa un sandwich, los trocitos de Guggenheim que podía divisar desde donde estaba.

No ha sido este ni el primero , ni el único, ni el último paisaje de mi alma. Si echo al vista muy muy atrás los primeros verdes que recuerdo son los de la Galicia de mi infancia desde el viejo seat 124 de mi padre y tras 10 horas de viaje( con perro , abuela, hermano, cubos y palas de playa y demás trastos incluidos). Recuerdo que, a pesar de la paliza por aquellas carreteras de España y de los gruñidos del conductor, sólo por ese momento en el que los geráneos cambiaban de color y la hierba también lo hacía, merecía la pena aquella tortura automovilística. Y no sólo para mi , eso lo supe ya entonces. Tan adentro se me quedaron esos paisajes que todavía hoy, como un ibuprofeno que no puedes pasar y se te queda en la garganta, necesito- procuro que sea cada año- volver a ellos, como se necesita un trago de agua para que pase la pastilla. Y regresando redescubrí el muelle de mi viejo Mugardos o el pequeñísimo pueblo de mi padre "O Seixo"; y regresando también se adueñaron mis recuerdos de nuevos paisajes, como las vías del tren que se ven desde la galería amarilla de mi tía ferrolana.


Salvo los años en Andalucía(de allí me quedo con una mañana de noviembre en la que -recién llegada- me enseñaron el mirador de San Nicolás en Granada y se me quedó la boca tan abierta que al día siguiente estuve constipada; y con el sol del Sur-tan distinto-poniéndose entre la playa de San Cristobal y la de Velilla en Almuñecar), salvo aquellos casi tres años, digo , entre la Galicia de mi niñez y el Bilbao de hoy, exactamente igual que pasa en el mapa geográfico de España, estuvo y está Santander. Dejando a un lado los ríos y bosques de la Cantabria profunda que mi abuelo me descubrió siendo tan niña que casi me parece imposible haberlo sido y que no puedo recordar porque sería demasiado grande la nostalgia y tendría que dejar de teclear en este momento, a esta ciudad-Santander- le deba casi todo lo que soy, hablando de paisajes -como estamos hablando-y sin querer ser una guía turísitica yo tengo en el alma el parque de los pinares verdes casi casi negros que se ve desde la terraza inmensa( y no sólo por los metros) de casa de mis padres; y un trozo de la segunda playa del Sardinero que desde unas escaleras que, ya se han convertido en ese lugar favorito que todos tenemos, veía de niña correr a mi perro por la arena en invierno, me sentaba con una amiga cómplice a contar o escuchar secretos que se quedaron enterrados allí para siempre y se los llevó la marea, o lanzaba-como un mensaje en una botella- deseos que no se cumplirían( o si, algunos si) o llamadas de s.o.s cuando no había salida porque en ese paisaje de mi alma sabía que nada malo me podía, ni me puede pasar.


Emma Peel

viernes, 28 de agosto de 2009

Las cosas que si nos dijimos


Arturo Pérez Reverte en la revista XL Semanal del domingo, 16 de agosto de 2009:
"Ahora ella, inquieta, se pregunta si hizo bien. Si la lucidez que estos libros dieron a su hijo no sirve más bien para atormentarlo. Lo sospecha al verlo salir de casa para entrevistas de trabajo de las que siempre vuelve hosco, derrotado. Cuando lo ve teclear en el ordenador buscando un resquicio imposible por donde introducirse y empezar una vida propia: la que soñó. Cuando lo ve callado, ausente, abrumado por el rechazo, la impotencia, la falta de esperanza que pronto sustituye, en su generación, a las ilusiones iniciales. Recuerda a los amigos que empezaron juntos la carrera animándose entre sí, dispuestos a comerse el mundo, a vivir lo que libros y juventud anunciaban gozosos. Cómo fueron desertando uno tras otro, desmotivados, hartos de profesores incompetentes o egoístas, de un sistema académico absurdo, injusto, estancado en sí mismo. De una universidad ajena a la realidad práctica, convertida en taifas de vanidades, incompetencia y desvergüenza. Pese a todo, su hijo aguantó hasta el final. Fue de los pocos: acabó los estudios. Licenciado en tal o cual. Un título. Una expectativa fugaz. Luego vino el choque con la realidad. La ausencia absoluta de oportunidades. El peregrinaje agotador en busca de trabajo. Los cientos de currículum enviados, el esfuerzo continuo e inútil. Y al fin, la resignación inevitable. El silencio. Tantas horas, días, años, de esfuerzo sin sentido. La urgencia de aferrarse a cualquier cosa. Hace una semana, cuando llenaba el formulario para solicitar un trabajo de dependiente en una tienda de ropa de marca, el consejo desolador de un amigo: «No pongas que tienes título universitario. Nadie emplea a gente que pueda causarle problemas». Tocando los libros en sus estantes, la madre se pregunta si fue ella quien se equivocó. Si no tendría razón su marido al sostener que no está el mundo para chicos con sueños en la cabeza y libros bajo el brazo. Si al pretenderlo culto y lúcido no lo hizo diferente, vulnerable. Expuesto a la infelicidad, la barbarie, el frío intenso que hace afuera. Es entonces cuando, abriendo un libro al azar, encuentra unas líneas subrayadas –a lápiz y no con bolígrafo ni marcador, ella siempre insistió en eso desde que él era pequeño–: «En el mar puedes hacerlo todo bien, según las reglas, y aun así el mar te matará. Pero si eres buen marino, al menos sabrás dónde te encuentras en el momento de morir». Se queda un instante con el libro abierto, pensativa. Releyendo esas líneas. Después lo cierra despacio, devolviéndolo a su lugar. Y sonríe mientras lo hace. Una sonrisa pensativa. Dulce. Tal vez no se equivocó por completo, concluye. O no tanto como cree. Puede que él forjara sus propias armas para sobrevivir, después de todo. Quizá mereció la pena."


Mismo día, misma revista. Carmen Posadas:
"...a lo largo de muchos años Gustav Flaubert fue reuniendo una larga serie de bobadas que sería muy largo enumerar aquí, pero que se parecen a muchas que actualmente damos por ciertas. Me refiero a frases como «Yo lo que deseo es ser el mejor amigo de mis hijos» Por lo visto lo guay es ser colegui de los hijos, ir de igual a igual, olvidar la disciplina, con lo que, cuando uno quiere darse cuenta, lo que tiene en casa es un malcriado de tomo y lomo, cuando no un delincuente juvenil.Yo creo que le hacemos un flaco favor a la sociedad dando por buenas falacias de este tipo. No, por mucho que lo digan los telecotillas de la tele. No, por mucho que lo sostengan los autores de esos librillos new age. No, por mucho que lo repita hasta el sursuncorda"


Los dos artículos me sirven hoy para abordar el tema de las cosas que SI nos dijeron nuestros padres.


Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a intentar quitarle la razón a Pérez Reverte, sólo en parte; y como casi siempre, dársela totalmente a Carmen Posadas. En mi caso, "la habitación de la hija", que se encuentra separada del salón sólo por una pared, que di por hecho que al marcharme de casa tirarían mis padres para agrandar el salón, sigue, no sólo en el mismo sitio cinco años después (nunca tiraron ese tabique) , sino que continúan sus estanterías llenas de mis libros de poesía, de las novelas que me ayudaron a escoger la adulta en la que me quería convertir y de los códigos de derecho civil, penal, administrativo y hasta canónico con los que conseguí un "título", como dice Pérez Reverte. Si se hubiera escrito este artículo trece años antes, la niña que yo fui lo hubiera arrancado, se lo hubiera enseñado a sus padres y lo hubiera utilizado como otro de sus argumentos para poder estudiar "una carrera bella y poco práctica, relacionada con la lengua"(también de la colaboración semanal del mismo escritor).Por lo que, sólo ahora y, después de muchas tribulaciones, entiendo como una suerte, no se escribió cuando yo tenía dieciocho años.E igualmente, por buena ventura mis padres no pretendieron nunca ser "colegui" de sus hijos y me encaminaron a una carrera no tan bella, pero algo más práctica como es el Derecho porque -me repetían-la literatura con lentejas sabe mejor. Y así, mientras incriminaba tanto a mis progenitores, tanto a las leyes como asesinos de mi creatividad, a trancas y barrancas me convertí en lo que soy hoy y-contra todo pronóstico- el otro día me sorprendí en el Juzgado diciendo en voz alta que mi profesión era una profesión preciosa, preciosa(creo que lo repetí dos veces porque ni yo me creía lo que acababa de decir.)Y realmente lo es si se quiere ejercer. A partir de ese momento, causal o no casualmente el domingo siguiente se publicaron estos dos artículos trascritos y es entonces cuando supe que tenía una deuda pendiente con aquel que -según dice Pérez Reverte al inicio de su columna en una parte de su entrada que no he copiado-"dio ejemplo de padre: un buen hombre que nunca dice tres frases seguidas, pero que jamás faltó a su deber, ni hizo nada que no fuera honrado. Que educó al hijo con más ejemplos que palabras."Y fue entonces también cuando comprendí eso de que "no es feliz quien hace lo que quiere, sino quien quiere hace" y que -como decía Paulo Coelho en su artículo de la semana siguiente-siempre hay una segunda oportunidad en la vida. En mi caso, la segunda oportunidad-y ya en la treintena, pero, por fortuna, con los pies un poco más cerca del suelo- de "ya que el éxito profesional no te calienta cuando hace frío", como dice la escritora Noe Martínez en su última novela( mi última adquisición) calentarme por las tardes y por las noches con mi vocación.Y de paso con el estómago lleno de lentejas. También calentitas, por cierto. Así que, después de todo, quizá mi padre tampoco se equivocara tanto y quizá esas cosas que SI me dijeron merecieron la pena.


Emma Peel

domingo, 23 de agosto de 2009

Crisis


El otro día andaba yo intentando lidiar con internet cuando recibí un correo electrónico(milagros a veces tan bonitos de la ciencia, porque este es -como dice Carmen Posadas- el nuevo género epistolar, ) que hablaba de la crisis y que, probablemente a estas alturas ya tendrá todo el que haya decidido hoy leer esta entrada. Crisis vista desde una óptica distinta y con la perspectiva que supongo que dan los años y la experiencia de haber ido "viviendo y aprendiendo", como dice la madre de una amiga .

Einstein."La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a si mismo sin quedar superado.....Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía.SIN CRISI NO HAY MÉRITOS. Es en las crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla"


Dijo Carmen Posadas en una conferencia que "los tiempos de crisis son buenos para la literatura, para escribir porque la crisis supone una vuelta a lo esencial, a la mesura, a desdeñar a esas tontunas ricachonas y absurdas que sólo dan valor a lo exterior, al continente y no al contenido; que las crisis sirven al menos para eso, para hacer autocrítica y reirse un poco de ciertas actitudes y modas que de tan habituales ya ni siquiera nos parecen ridículas y vaya tropa" .Como el hambre agudiza el ingenio, la experiencia agudiza la capacidad de contar las cosas, y es en esto en lo que consiste precisamente la noble y bella labor de escribir. Sin la experiencia de pasarlo mal, económica, sentimental, o anímicamente no se aprende, y lo que es peor aún, no se podrán contar cosas en el futuro( que es ,desde el punto de vista de la que escribe, lo mejor que tienen la vida, las historias que si podemos contar), ni saborear los tiempos mejores, que ya llegarán. Igual que ninguno de los versos de desamor, que he leido o escrito, hubieran podido nacer si antes no hubieran puesto en crisis la vida y el corazón de la pluma que los compuso. Supongo yo que algo así quiso decir Carmen Posadas cuando se atrevió a hablar de crisis.


Einstein también decía que se negaba a creer que Dios jugara a los dados con el destino de los hombres.Pues si no juega a los dados estas cartas estaban echadas y esta crisis escrita. Aprovechémosla pues , que el destino sabe mucho más que nosotros .Ventaja desde luego nos lleva.


"Que casualidad:cuanto más trabajo más suerte tengo",También Einstein.y ¿qué hacemos ahora ?pues seguir trabajando (más que nunca)para que la crisis no nos venza y para que cuando se vayan las vacas flacas y nos vengan bien dadas hayamos aprendido la lección .Que no es ni más ni menos que una lección de humildad. Como siempre.


El último libro que he leido "Cosas que no nos dijimos", de Marc Levy, se encabeza con una cita de Einsten:"Hay sólo dos maneras de ver la vida: una como si nada fuera un milagro, y la otra como si todo fuera milagroso".Ahí queda.


Emma Peel

sábado, 15 de agosto de 2009

"Ella, que todo lo tuvo". Más de libros.


"Libros. Hay muchos en la habitación, y jalonan veinticinco años de una vida. Infantiles, aventuras, viajes, textos escolares, materias universitarias, novela, ensayo, arte, historia. Desde niño, leyéndole cuentos e historietas, orientándolo con cautela, ella fue transmitiéndole el amor por la palabra escrita. La puerta maravillosa a mundos y vidas que acaban por multiplicar la propia: aspiraciones, sueños, anhelos cuajados en largas horas de lectura y templados en la imaginación. La intensidad de una mirada joven que explora el mundo en el descubrimiento de sí misma. Estos libros llevaron al muchacho a reconocerse entre los demás, a moverse con seguridad por el territorio exterior, a descubrir y planear un futuro. A estudiar una carrera bella y poco práctica, relacionada con la lengua, el pasado, el arte y la historia. A licenciarse en sueños maravillosos. En cultura y memoria.". Arturo Pérez Reverte esta semana en el Semanal XL,"La habitación del hijo"


Este artículo de Pérez Reverte da para mucho más que lo que recoge esta entrada, ya me pensaré si hacer mías sus palabras en otra ocasión. Hoy, de momento, me sirven para escribir sobre el último libro con el que "coincidí"( porque -como se dice en él-"la vida está llena de encuentros, el sentido radica en coincidir") "Ella, que todo lo tuvo"; sobre el último "amigo" que he hecho porque ,tal y como comentaba mary en alusión a la entrada del domingo pasado, los libros son como los amigos.

Ella, lo descubrí con asombro al poco de empezar a leer esta obra , no se refería aquí al pronombre, sino que es nombre propio de mujer. Italiano. Una mujer, una escritora que, después de creer haber perdido a su familia en un accidente de coche, se marcha a Florencia en busca de un diario, del que sólo conserva una página para poder así narrar una nueva historia y darle la forma de novela. Es así un libro sobre otro libro. Pero una vez allí, y como "Lo que nos falta podemos soñarlo..." ,Ella inventa y se desdobla en la "Donna di lacrima", una mujer misteriosa que recibe a hombres ilustres a los que escucha envuelta en un velo y cubierto el rostro con una máscara en su ático. De ninguno de ellos , sin embargo , aprende tanto como de las palabras de un vagabundo al que encuentra la primera noche por la calle. Como quiera que yo tengo la manía de subrayar las líneas de los libros que llaman mi atención a lápiz, dejé mi zarpa en algunas citas de este personaje bohemio como estas:


"Las apariencias engañan, no somos por lo que tenemos, sino por lo que sentimos""Este hombre es más pobre que yo, mi miseria es facil de limpiar, se quita con un buen baño y un traje limpio. Lavar la mezquindad del alma puede llevar toda una vida, y hay tanta esparcida por el mundo, que por eso la tierra apesta"


" A ser feliz también se aprende"(a esta le puse mi marca de lapicero encima porque me recordó a mi abuelo, quien solía decir algo parecido, algo como que quien quiere en esta vida ser feliz es feliz, y quien quiere ser desgraciado es desgraciado)


"La sombra de la palabra no , una vez que se nos instala dentro, es alargada"(como la del ciprés de Miguel Delibes )"La mente siempre nos juega malas pasadas.Cuando ve que podemos ser felices recurre a estrategias para hacernos sentir inferiores. Algo te dice que no eres tan especial como para merecer un momento de alegría y te llenas de remordimientos. El sueño que más miedo da es atreverse a vivir"( Sobre estas palabras creo que cualquiera de los que pueda estar leyendo este blog ahora mismo, hubiera puesto el lápiz encima, como yo lo hice, porque creo que es consustancial a las personas esa sensación de no poderse creer las cosas buenas con las que a veces nos obsequia la vida)


Y por último, tracé una línea sobre lo que viene a continuación porque sin más ,eso que dice el mendigo es la vida que " está hecha de pedacitos: cosas que vives, cosas que sueñas, un poco de lo que te dice el vecino; un trozo de pizza, una caída y una canción; dos raticos al sol, uno de dolor", un tiempo compartiendo esta entrada con quien quiera leerla o teniendo en mis manos este libro que comento.

En su intento de recuperarse a si misma y ante la incapacidad de volver a escribir,como"los destinos son únicos y entre estos y los seres humanos existe una unidad indisoluble, un vínculo muy difícil de romper"y "el escritor es escritor aunque no escriba, aunque ni siquiera sepa que lo es", acaba igualmente rodeada de libros. Por un lado, en la escuela de restauración de aquellos que fueron destruidos y arrastrados por las aguas del río Arno en el aluvión que asoló a Florencia en 1966, con ayuda del preofesor Sabatini, quien también pronucía algunos de los mejoes discursos de esta novela.


"En el mundo del arte existe otro tipo de pérdida. Yo soy un hombre solitario. Aquí no hay sólo papel y tinta. Hay una vida"


"Todas las puertas, por pequeñas que sean, conducen a algún sitio"

Y por otro lado, en la librería a la que acude tantas veces como al Harry`s bar(tan bien descrito este último, por cierto, que entran ganas de tomarse un vodka como el que pide la escritora para acompañar la lectura), donde se haya custodiando estos"seres", Lívido, un librero tan solitario y tan parecido a Ella que necesariamente acabarán encontrándose. Es lo que tenemos las personas solitarias, como se relata a la perfección, creo yo, en estas páginas. ("Los solitarios eran una raza especial. Tenían el don de ver lo invisible. A falta de compañía desarrollan la capacidad de emocionarse y percibir, de ver que todas las cosas tienen su propia alma"). Ángela Becerra introduce la poesía de otros autores a través de Lívido, que, tímido como yo , ya que no se atreve a abrir la boca y dado que "las palabras son como el agua, sino encuentran salida terminan por crear su propio cauce", utiliza para comunicarse con ella versos como este precioso de Whitman "Quienquiera que seas, pongo en ti mis manos para que seas mi poema", que es basicamente lo que hacemos los poetas, sobre todo cuando nos enamoramos.

Con todo, es de ella misma, de su soledad misma, y de "la otra" (aquí si digo que hay que leerse el libro para saber quien es "la otra")que le pregunta cosas como si"todavía cree que los demás tienen la llave de su felicidad, porque la vida no es más que una música que cada uno interpreta de manera distinta"); de los recuerdos de su hija Chiara"porque uno sin sus fantasmas está solo" a la que le confiesa su debilidad("nada me dolía, no se lo digas a nadie, tesoro mío, en realidad me dolía todo"),o de su marido Marco al que reconoce "haber regalado su libertad, y con ello haber cometido el error más grande que se puede cometer",son de quienes más aprende en este viaje que Ella emprendió, como lo he hecho yo estas tardes de agosto con la novela de Ángela Becerra, y como lo hice hace ya tantos años por la Florencia que yo recuerdo y a la que me ha trasladado tan facilmente la escritora.


"Y ASI PUES,EL ÚNICO FUTURO QUE NOS QUEDA ES EL PRESENTE"


Emma Peel

domingo, 9 de agosto de 2009

Una escritora encantadora


He modificado una poco, y a mi conveniencia, el título del último libro de Marian Keyes, "Un tipo encantador" para hablar hoy de esta escritora, de libros y de literatura.

Como en el anuncio que hasta hace poco daban en televisión con el difícil fin de fomentar el maravilloso entretenimiento de leer y que retrataba a una hija copiando todo lo que hacía su padre y rezaba algo así como "si tú lees, ellos leen", yo encontré bien pronto en los libros, no sólo una escapatoria vital al aburrimiento, sino también un salvavidas y una pasión con la que viajaría el resto de mi vida. Supongo que,como leí el otro día "entre el destino y la persona hay un vínculo indisoluble" y que -hubiera o no "copiado" a mis padres en esta afición-yo estaba destinada a los libros. Pero la realidad es que crecí viendo a estos seres llenos de páginas por todas partes(despacho, estanterías, comedor y hasta en la cocina, pero sobre todo, en las mesitas de noche)y, como quien se cría en el campo y hace de los grillos en verano sus amigos, yo enseguida me hice camarada de los libros que me han acompañado y batallado conmigo en todas las guerras de mi vida, resultando en algunos casos más heridos que yo. Había tantísimos en mi casa que llegué a presenciar incluso en una ocasión la versión moderna de la quema que hacen en "Don Quijote de la Mancha" de los libros de caballerías para evitar que el viejo Alonso Quijano siguiera enloqueciendo de tanto leer. Estaban apilados en montañas en el suelo del descansillo sobre todo, creo recordar, novelas policiacas y ejemplares de Sherlock Holmes, iban todos a la calle porque literalmente nos comían los libros. Pero dio igual, para un amante de la lectura es inevitable que estos amigos se acaben reproduciendo nuevamente como los conejos a velocidades vertiginosas y, de repente, en menos de lo que canta un gallo, la casa volvió a llenarse nuevamente de obras. Esto tiene mucho mérito en una familia que ha sobrevivido a ocho mudanzas, no sabremos nunca la cantidad de textos que se perdieron con ellas.


Tengo una tendencia innata, como ya se ha podido observar en este blog, a enrollarme como las persianas, y todo el párrafo anterior sólo lo necesitaba para contextualizar mi primer encuentro con Marian Keyes. Fue el año pasado, recién llegada de vuelta otra vez al norte, una tarde de sábado buscaba en esa pequeña biblioteca, que es la casa de mis padres y para llevarme a la mía, lomos de volúmenes que llamaran mi atención, o más bien mi intuición (siempre escogo los libros por corazonadas, de lo que deduzo que más bien son ellos los que me escogen a mi). Ese día "Susi para principiantes" me eligió. Y a partir de ahí, seguí yo sola. Como soy un poco compulsiva, si un autor o autora me gusta devoro sus títulos como si fueran palmeras de chocolate a ritmo considerablemente rápido y empiezo a ser cliente asidua del Corte Inglés, de FNAC, o sobre todo, del "Estudio", de la calle Calvo Sotelo en Santander( ya no quedan librerías pequeñas, y es una pena)en busca siempre de otra obra del mismo escritor hasta agotarla por completo. Eso me ocurrió el año pasado con toda la bibliografía de Marian Keyes.


Parte de ella fueron regalos de cumpleaños o de Navidad y la mayoría salieron de mi bolsillo al que le pasa lo mismo que a mi padre, que le sale más caro un libro que una noche de fiesta porque en una sola madrugada consume en páginas el equivalente económico a una cara borrachera. Así fui dando con títulos como"¿Ahí alguien ahí fuera ?", "¿Quién te lo ha contado?(mi favorito, y el único prestado), el último leido, "Rachel se va de viaje", o el último publicado y que da nombre a esta entrada, "Un tipo encantador".Todos ellos tienen una cosa en común, además de que su autora pudiera ser perfectamente la Jane Austen de hoy, y es el tipo de protagonistas: mujeres de entre veinti muchos a treinta y pocos, con los clásicos problemas de las solteras, pero también con las innegables y míticas ventajas de las mismas. Sobra decir que si me he alimentado de estos libros durante un tiempo ha sido porque me sentía identificada con sus personajes hasta tal punto que soñaba ,mientras leía, que también yo podría contar las peripecias de mi propia vida con ayuda de mis amigas. Si alguien ha leido el último artículo de Carmen Posadas en el Semanal XL, "El club de las viejas confundidas", sabrá mejor a lo que me refiero porque bien podría ser el tipo de mujer con el que se define la articulista, el tipo de mujer al que aspira ser cualquiera de las "chicas" de Marian Keyes o yo misma ("Sólo pretendo tener el aire de una persona joven. En otras palabras, parecerlo por la forma en que me muevo, sin rigidez y también si afectación. En realidad a lo único que aspiro es a parecer una señora de cincuenta y seis años que intenta tener el mejor aspecto posible. Y en cuanto al club de las viejas confundidas, espero resistir un año más la tentación de vestirme de nena")


Por si alguien quiere leer lo último de esta autora, sólo diré que "Un tipo encantador" va sobre un tema tan trillado, y no por ello poco interesante, cual es la violencia de género. Y ,como por razones de trabajo, conozco un poco los entresijos de este tema escabroso, hay un común denominador entre esta realidad y la ficción de la novela que retrata a la perfección y desde el principio, la escritora: el silencio que domina este problema.


Emma Peel