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sábado, 1 de agosto de 2009

De nombres y barcos: "El Beiramar"

En su espacio del XL Semanal "Patente de Corso",escribió Pérez Reverte hace unas semanas sobre barcos,y los que somos(bien sea por iniciativa propia, bien por herencia genética, educacional o sentimental-como es mi caso-)amantes de la mar(que le decimos en el norte)nos emocionaron sus palabras.


"Un barco,sobre todo si se trata de un velero, es un ser vivo.Fue Joseph Conrad quien dijo que, del mismo modo que los hombres, esos singulares individuos flotantes se mueven en un elemento inestable, sometidos a sutiles y poderosas influencias, y prefieren ver sus méritos apreciados que sus defectos descubiertos.Nunca hubo una verdad como esta....Hay barcos felices y barcos tristes. Hasta en el modo de bornear cuando están al ancla se les notan las maneras. Los hay de poco carácter, siempre dispuestos a ser lo que es el hombre que los gobierna; pero también con personalidad propia, acusada, capaces de tomar por si mismos decisiones fundamentales para su supervivencia y la de aquellos a quienes transportan. Yo mismo he visto, en mitad de un chubasco espantoso, un velero noble gobernarse por si solo...Un buen barco piensa por si mismo, y es capaz, de hacer cualquier cosa menos hablar. Incluso, para un oído atento, algunos barcos hablan...La historia más pintoresca de nombres de barcos la viví en persona hará diez o doce años, cuando escuché por radio una llamada de socorro en los siguienets términos: "Arriba España, mayday, mayday. Latitud tal, longitud cual. Mayday. Arriba España".Hasta que llegué al lugar del siniestro estaba convencido de que se trataba de un fantasma de la Guardia Civil, y que me iba a encontrar con el espectro de un crucero hundiéndose de proa. En vez de eso, lo que encontré fue una embarcación a motor de ocho metros con banderas rojigualdas pintadas a una y otra banda; y a popa, flameando al viento, una enorme enseña franquista. Sin poder darle crédito a la cosa-apartaba los prismáticos para frotarme los ojos y volvía a mirar de nuevo-comprobé que el nombre de la embarcación, era precisamente ese:"Arriba España".Luego supe que el patrón era obviamente más surrealista y facha que la madre que lo parió. Le di un cabo hasta que vinieron a remolcarlo, y allá se fue el hombre con su barco y sus banderas. "Es para joder a los rojos", dijo al despedirse. "Así, cada vez que alguien me llama por radio, lo obligo a decir Arriba España".

Dejando a un lado la última parte del artículo que he de reconocer que, aunque a mi me hizo mucha gracia, dudé si rescatarla para el blog vislumbrando la posibilidad de herir sensibilidades políticas o crear conflicto-se disiparon mis dudas cuando, después de enseñarlo a gente de distintas ideologías, comprobé que las sonrisas que despertaban estas letras eran las mimas en uno y otro caso-, yo quiero hablar de veleros que, como deja entrever el escritor, son más barcos que ningun otro. Y, hablando de nombres de barcos, quiero mentar al Beiramar.


Uno de los recuerdos más bonitos y más claros de mi infancia se corresponde con una época en la que mi padre tendría unos siete u ocho años más de los que cuento yo ahora( lo que empieza a significar, otra vez, que me hago mayor).En él navegamos los dos en un pequeño velero de cubierta amarilla con Felix, el patrón del mismo y tan amigo de mi padre que le hacía hueco cada tarde para que pudiera disfrutar del mar con una parte de su familia. No soy capaz de recordar, sin embargo, el nombre de aquel velero, ni el número de año que correspondía a aquel verano. Si recuerdo, por contra, lo que sucedería después.


No se si porque había de ser así por destino , por la cultura marinera de la que se empapó mi padre en un pueblo de su Galicia natal, o porque, tras muchos años, reunió los ahorros suficientes para hacer real un sueño, sea por lo fuere, se marchó al sur de Francia y de allí regresó con un viejo velero, el Beiramar. En gallego Beiramar significa orillas del mar, existe incluso un parque en ese pueblo del que hablaba antes que se encuentra , precisamente,a los pies del mar con esa misma denominación. Supongo que siempre recurrimos a la infancia, o a la parte de ella en la que fuimos felices, para ponerle nombre a las cosas del presente más modesto. Aunque un barco no sea una cosa, por el contrario sea-como cuenta Pérez-Reverte - un ser vivo. El Beiramar era un barco discreto,pero que, a su pesar, llamaba la atención. Algo similar a lo que le sucede a su capitán, se bien lo que me digo. Se podría decir que, en este caso barco y gobernante tenían la misma personalidad. Me resulta practicamente imposible clasificarlo de manera tan sencilla como hace Pérez-Reverte porque aquel velero sólo quería hacer su trabajo( que era navegar y hacer tranquilos a sus ocupantes)pasando desapercibido.Excepto su marino, es decir, mi padre, creo que niguno fuimos leales al Beiramar. Como adelantaba antes, yo era una niña y a los niños, la infancia. Me encantaba navegar, pero dejé de hacerlo cuando navegar se convirtió en otra cosa que no he podido nunca explicarle a mi padre. Ahora , a través del blog, puedo. O puedo intentarlo, aunque sólo sea por eso de que "las cosas deben decirse porque el momento pasa y volvemos a estar solos"(es una cita de la película "Tierras de Penumbra"). Dejé de navegar porque ya no éramos sólo nosotros dos y el mar; aquello cambió y pasó a ser otra cosa, más familiar e incluso más divertida, pero yo dejé de poder escuchar el sonido del mar entre tanto ruido de "domingo en el barco" y aquella discreción de estar a solas con el mar desapareció para siempre, y dejé al Beiramar. A partir de ahí, en ese momento de la vida de todos nosotros en el que se confunden la infancia y la adolescencia, encontraría mi propio sueño, la literatura. Con los hijos, creo yo, pasa como con los veleros de este artículo, que algunos tienen "personalidad acusada y, sin dejar de ser nobles, se gobiernan por si solos".





Decía que su patrón fue leal al Beiramar porque lo cuidó como a un niño( recuerdo especialmente el episodido de "el barco tiene carcoma", como si dijese "el bebé tiene gripe") hasta que ya no se pudo hacer nada. Entonces alguien de Gijón , creo, se lo llevó a otras aguas para darle otra vida. La tercera. Porque los veleros, algunos, tienen-que se sepa-como le pasa a los gatos, varias vidas.


Y así, hace menos de una año, y después de que el que sería su principal tripulante, se recorriera casi toda la España costera y parte de Francia, así es como apareció el Beiramar 2( me sorprendió ver que mi padre no se complica con eso de los números romanos, y es que una de las cosas que caracteriza a los marinos es su espíritu práctico). Curioso, porque lo teníamos al lado , en el puerto de Getxo, y no lo sabíamos. Como suele pasar con las cosas importantes de la vida. Dijo mi madre que le daba buenas vibraciones el barco, como si alguien hubiese debido ser muy feliz allí. Y aquí es donde empieza la segunda vida del Beiramar, que es, para la que escribe, el nombre de barco más bonito que haya leido nunca.



Emma Peel

domingo, 19 de julio de 2009

Lo que uno lleva consigo




Volviendo a mi ciudad de trabajo un domingo por la tarde en el autobús, y antes de irme de vacaciones al que fue mi destino durante casi tres años y donde se dejó Emma Peel un trozo del corazón, di con este artículo de Javier Marías, que interpreté como una señal de lo que estaba a punto de ocurrirme. "Lo que uno lleva consigo".




"...Cuando uno ha vivido en una cuidad lo suficiente, más aún, si lo ha hecho intensamente y a edades que resultan ser cruciales en la vida de casi todo el mundo, se puede decir que, por mucho tiempo que pase, uno no pierde ese lugar de vista. Lo lleva consigo incorporado, y no es infrecuente tener la extraña sensación de que uno puede salir de su casa y dirigirse al instante a un punto concreto de esa ciudad alejada....Uno puede estar instalado en una realidad muy distinta de la del pasado, y en modo alguno la pierde por la repentina visitación de lo remoto, pero el espacio es el único verdadero depositario del tiempo, del tiempo ido. Por eso cuando regresa a una ciudad familiar, se produce una momentánea comprensión del tiempo entero y lo que anteayer era lejano hoy se nos hace falsamente cercano. Tras unos primeros pasos titubeantes, esos mismos pasos lo llevan a uno automaticamente por los itineraios olvidados y de golpe recuperados. Y no se extravía ni se equivoca. Y siguen las personas, para mi gran fortuna, y además estoy en paz con ellas. En su compañía, de pronto, no es que no hayan transcurrido nuestros respectivos tiempos (ya lo creo...). Pero la charla y las risas son inverosimilmente parecidas, durante una rato, a como solían ser cuando éramos jóvenes. Cuánto alegar comprobar que hay personas y sitios que siempre están, aunque permanezcan lejos o parezcan perdidos. SEGURAMENTE SOLO SE PIERDE DE VERAS LO QUE UNO OLVIDA O RECHAZA, LO QUE PREFIERE BORRAR Y YA NO QUIERE LLEVAR CONSIGO, LO QUE NO QUEDA INCORPORADO A LA VIDA QUE SE CUENTA UNO A SI MISMO."




Bueno , la ciudad a la que se refiere Javier Marías es Venecia. La mía queda un poco más cerca. En el Sur de España, un pueblo que fue mío durante casi tres años -como dice el escritor- "en una edad crucial en la vida de todos" (en mi caso, entre los veintiseis años y los treinta años). Durante un tiempo, pensé incluso en quedarme a vivir allí indefinidamente. Por lo que yo creo que fue fortuna para mi, decidí no hacerlo, de modo que esa ciudad y ese pueblo del Sur cuentan ahora con la ventaja de la idealización que produce la nostalgia de otros tiempos que, sabemos, no van a a volver. Y viniendo de alguien que ,como yo, vive en el Norte de España y ha asumido como propia y con su propio sol la lluvia y con su propio color los cielos grises, no resula excesivamente dificil querer trasladarse mentalmente de vez en cuando a ciertos lugares. Y en ocasiones también fisicamente.




Por eso , y por razones sentimentales que no vienen al caso (ese caso ya daría para otra entrada completísima) decido habitualmente pasar mis días libres en esa ciudad y en ese pueblo donde, como dijo mi hermano cuando lo visitó para ayudarme a hacer la mudanza hace ya más de cuatro años, la primavera es eterna. Este año lo he hecho en compañía de una amiga del Norte con la intención de no enfrentarme sola al miedo que produce a veces el saberse opuesto -porque una ya no es la misma, era imposible seguir siendo la misma- a los recuerdos. Y efectivamente, las cosas seguían, más o menos (el menos por efecto de la crisis), como yo las había dejado y tal y como mi corazón las recordaba.






Mi casa blanca de Andalucía a la que sólo le faltaba para estar completa mi perro también blanco asustándose al pasar por sus muchos espejos; mi amiga rubia del Sur; las playas alejadas de tierra en vez de arena fina, como la del "tesorillo" con su hamacas y sus cócteles de colores; "la plaza Kelibia" con mesas de cervezas "alhambra" siempre llenas y siempre repletas de gente; "la cruz de San Cristobal", que en este viaje no visitamos y a la que tanto me costó subir una vez; o "el paseo de Velilla" donde en otro tiempo vivió alguien que yo conocía. Y en la ciudad con duende: la calle "Elvira", que ya no será nunca más tu calle; "la calle Navas" y ese bar donde descubrí el verdadero tamaño de una balón de cerveza y de una tapa; los baños con olor a té; el mirador más bonito que recuerdan haber visto mis ojos y que no puedo describir porque resulta que no hay nada que no se haya dicho o escrito ya sobre sus vistas que se instalaron para siempre en mis retinas, y eso que quiene escribe proviene de donde los paisajes son tan verdes como en Irlanda y el mar tan azul y amplio como el cielo de Estambul; pero sobre todo, mi Mellboy, al que encontré, y no casualmente, "por quemar tierras extrañas", como canta Shakira. El domingo pasado fue la última vez (no caí en ello hasta estar en el avión de vuelta al Norte) que pasearía por esa ciudad,o por lo menos, la última vez que lo haría en mis circunstancias de ahora.




Y como Emma Peel no escribe para vivir (ya le gustaría), como mucho vive para escribir, esta semanas ha estado lejos de este blog para VIVIR. Y, ahora que muchos comienzan sus vacaciones, yo que ya las he terminado, prometo que reocuparé todos los huecos dejados estas semanas en este espacio, en este "dreamsontour", que ya está "incorporado"en mi para siempre.





Emma Peel

viernes, 19 de junio de 2009

Un ángel español en la India



En uno de los comentarios de la entrada que escribí la semana pasada mi amiga Mary decía que la India estaba triste, que se había ido Vicente Ferrer, como todos los grandes. Como me conoce esta amiga, como sabía que no iba a dejar pasar su comentario para escribir en el blog sobre Vicente Ferrer.


Me ha impresionado la cantidad de gente que a través de internet le ha dedicado poemas y el incontable número de blog que le rinden homenaje. Este es uno más, y lo sé, pero es el mío.

Murió como vivió. Y murió en la India. Como dice Pérez Reverte, "puerca España". Y esta "puerca España" no se merecía ser lo último que vieran los ojos de Vicente Ferrer cuando se cerraron para siempre.


Basta poner su nombre en google para saber que este exjesuita y cooperante catalán vivió toda su vida dedicada a los pobres de la India. Dijo en 1969 "he declarado la guerra al dolor y al sufrimiento y he firmado un compromiso de paz ". Hoy estamos en el 2009. Desde esta frase han pasado cuarenta años. Conozco muchos compromisos (la mayoría) que duran bastante menos. La palabra de honor sobre la que escribí en otra entrada. A veces es bonito, para los que seguimos creyendo en los principios, que nos den en las narices con un ejemplo como este.



A más de ocho mil kilómetros de su pais, y una vez que ya se ha nos ha ido, no dejan de crecer los apoyos a su candidatura para el premio Nobel de la Paz. "Francamente queridos -nos diría si estuviera aquí-, me importa un bledo". A buenas horas, mangas verdes. Toda una vida dedicada a luchar por los demás y tienen que morírse para que les reconozcamos su labor. Como digo, este país es así. "Puerca España".


Sea como fuere yo soy de las que valoro por encima de cualquier otra cualidad la bondad. No a la gente que va de buena -como me decía la otra noche un amigo de esos con los que, contra todo pronóstico, conectas sin saber por qué-, sino a la gente buena. Sin más. Y Vicente Ferrer era no sólo un buen hombre, sino que además era un hombre bueno. Y, por si fuera poco, sabio(como todos los buenos), sabio pues muy pronto entendió que es "la acción buena la que nos hace felices y la mala la que nos destruye".


A ver si Mell boy me cuelga una foto de Vicente Ferrer para ilustrar esta entrada. A mi me ha bastado mirar su cara y reconocer que hay ocasiones en las que me rindo a la evidencia del refrán que dice que una imagen vale más que mil palabras. Pocas veces se emociona Emma Peel con una ilustración (las palabras son otro caballo de batalla).


En fin , a pesar de todo,y a pesar de que los ángeles no entienden de estas cosas, española era la nacionalidad de este ángel que nos mandaron a la India.


Gracias Mary por acordarte de él. Y gracias, Vicente Ferrer, por predicar con el ejemplo y por haberme ayudado a "entender mejor mi corazón a través de los libros", como tú decías.



Emma Peel

sábado, 13 de junio de 2009

Poner la otra mejilla

"Tengo un amiga -escribe Carmen Posadas en uno de sus últimos artículos del Pais Semanal titulado"Una cuestión de velocidad"- de esas a las que considero sabias. Y una persona sabia es alguien que no se hace mala vida dándole vueltas a la cabeza a eso de "quíén soy, a donde voy y de dónde vengo" o tratando de entender por qué las personas traicionan, porqué fallan, porqué hacen daño. Mi amiga es sabia porque ha elaborado dos o tres teorías básicas sobre el ser humano y sus demonios , y con eso tiene suficiente."


La primera de las teorías de la amiga de Carmen Posadas habla de como no hay que romperse la cabeza tratando de clasificar a las personas en apartados: egoísta, frívola...porque todo el mundo es "a veces si, a veces no, a veces tú, a veces yo..."; y la tercera teoría de este artículo es la teoría de la velocidad, que consiste en fijarse, para no ser infeliz sin remedio, no sólo en el plumaje del ave con la que pretendemos anidar, sino también en que esta vuele a la misma velocidad que nosotros, "algo así como un ritmo interior".


Pero la teoría que yo quiero comentar hoy y que ha llamado más mi atención ha sido la segunda, la que la amiga de Carmen Posadas llama "aceptar y tomar nota" y yo llamo "poner la otra mejilla". Sobre ella dice lo siguiente la escritora: "según esta teoría cuando a uno le han hecho una pifia es mejor aceptarlo que reconcomerse por dentro, así se evitan rencores y mala sangre, que a la larga son más dañinos que la propia afrenta. Su idea se parece a eso de poner la otra mejilla pero, ante tan cristiana resignación, ella propone tomar nota. Es decir, espera y verás, que la vida es larga y arrieritos somos".


Para entender mejor y extender más esta teoría yo, que soy de las "no sabias", de las que no para de darle al tarro hasta conseguir un buen dolor en la testa, lo primero que hice fue buscar en la Biblia (sí, sí, en la Biblia, una obra literaria subvalorada como tal y sobrevalorada por otros méritos, a mi entender, menores) los versículos que me enseñaron de pequeña en el colegio, cuando se daba religión, y que hablaban de poner la otra mejilla. Recuerdo que de niña ni yo ni niguna de mis compañeras de clase entendíamos aquello de regalar bien por mal. Como digo, éramos niñas. Y de niño uno no entiende muchas cosas. Lo malo es que de adulto sigan sin entenderse, por eso propongo yo esta interpretación de la teoría de poner la otra mejilla.Dice exactamente el Evangelio de San Mateo "Habeis oido que se dijo ojo por ojo y diente por diente, pero yo os digo: no respondais al mal, al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha ofrécele también la otra". Lo siguiente que hice fue buscar las posibles acepciones de estos versos en la actualidad. Y de todo lo que encontré la explicación que más me gustó es la que proponía la sustitución de la Ley del Talión (del ojo por ojo, vamos) por la de perdonar siempre. Sin más. Perdonar siempre para -como dice Carmen Posadas- no hacerse mala sangre y evitar pudrirse por dentro, lo que a posteriori es más dificl de llevar incluso que la ofensa inicial.


Y si no podemos llegar a ser tan buenos (yo no puedo, lo reconozco, pertenezco a la vieja escuela de "la venganza se sirve en plato frío", aunque admito que el plato sea finalmente mucho menos sabroso al paladar de lo soñado) como para perdonar (y olvidar) siempre ( y todo) una versión más light y llevadera del poner la otra mejilla la ofrece el refranero español. Yo no soy muy refranera porque los refranes me parecen en ocasiones incultos, cazurros y mentirosos, como decía Antonio Gala, pero cierto es que no puede quitársele valor al pequeño placer de dejar al "enemigo"( y dicen que uno se mide por la altura de sus enemigos, más que por la de sus amigos) tumbado o "pegado"(como dicen los gallegos) con la sabiduría tajante que encierra a veces un buen refrán. Así es que ofrecer la otra mejilla significa hoy también que "no hay nada mejor desprecio que no hacer aprecio" (pasar de todo, en el lenguaje de la calle); y que "al enemigo puente de plata", es decir, que ya que no somos capaces de perdonar setenta veces siete -como dice la Biblia-, que por lo menos no caigamos en la tentación de "tropezar dos veces con la misma piedra" y "carretera y manta" para el que nos ha traicionado, fallado o hecho daño, o lo que es lo mismo, "pista ,zapatista" que dice mi hermano. Tomar nota y apuntar, dice la amiga de Carmen Posadas. Tomar nota, apuntársela al infractor y "sentarse a esperar que pase por la puerta de nuestra casa" (por eso, porque "arrieros somos y en el camino nos encontraremos", porque "el que a hierro mata a hierro muere" y sobre todo -este es mi favorito desde cría precisamente por simple- "quien rie el último, rie mejor"), pero -en mi opinión- tomar nota, apuntar, y también volver a confiar en lo nuevo que venga. Con el bolígrafo a mano, a ser posible y por si las moscas. Eso si.




Emma Peel

domingo, 31 de mayo de 2009

¡Chau, Mario!



Con la palabra "chau" decía adiós Mario Benedetti al número tres o al pesimismo en alguno de sus poemas:

"Ya sos mayor de edad

tengo que despedirte pesimismo

años que te preparo el desayuno

que vigilo tu tos de mal agüero...

que trato de convencerte

que al maltiempo buena cara

pero seguis como si nada...

claro que voy a despedirte

No se por qué no lo hice antes

será porque tenés tu propio método

de hacerte necesario..."


Y con la palabra "chau" nos dijo adiós Mario hace cosa de dos semanas. Y yo, que pertenezco a esa escuela de carcamales que todavía lee y escribe versos, como en otras entradas he dejado ver-para quien haya sabido leer entre líneas-un poco de mis grandes amores y otro poco de las cosas a las que les debo lo que soy hoy, hoy dejo entrever aquello a lo que más le debo y lo que ha sido, es y será siempre el amor de mi vida ,aquella que es la poesía. Hace no mucho recorté de una revista un "pico de oro"de la cantante Lady Gaga que decía así :"La música es mi único amor; nunca se dará la vuelta y me dirá que no me quiere". Pues bien, hasta ese punto amo yo también la poesía, que ha sido además la única que ha conseguido salvarme la vida no en una, ni en dos, sino en miles de ocasiones. Cuando el amor no lo ha podido todo (como siempre esperamos), cuando por pudor no he sido capaz de recurrir a mis buenos compañeros o cuando los padres ya estaban lejos física o mentalmente de nosotros ella siempre ha estado allí. Por eso creo que cada vez que un poeta abandona este mundo se pierde irremediablemente una posibilidad más de entender esta vida.Y por eso esta entrada para Mario Benedetti, al que le gustaba la gente que,como me dicen a mi, nunca deja de ser aniñada.


Titulaba un periódico español el día después de su muerte la noticia de esta manera: "Madrid con una esquina rota". "España recuerda a Benedetti como el poeta tímido que no rehuyo nunca el compromiso (Benedetti se negó siempre a publicar en España haste la desaparición del régimen franquista), como el escritor cordial que nunca perdió la alegría pese a sus exilios y que convirtió la península ibérica en su segunda patria. España supo devolverle ese afecto. Este 18 de mayo,al menos por una vez, Madrid se pareció un poco más a Montevideo que a Buenos Aires". Supongo que el poeta Uruguayo prefería el Montevídeo de su infancia al Buenos Aires donde conoció el mundo gris de las oficinas burocráticas. Y aquí es donde comienza mi homenaje, mis versos preferidos del señor Mario Benedetti.


Supo retratar como nadie el agobio del trabajo monótono,que conoció"igual que un poeta que decide trabajar en un banco"(como cantaba La Oreja de Van Gogh )o igual que esta poeta que decidió trabajar en un juzgado,un lunes por la mañana (igual un lunes como el de hoy, en el que casualmente lees estos versos):


"Volvió al noble trabajo

pucha que triste

que nos brinda el pan nuestro

pucha que triste

me meto en el atraso

hasta cuando dios mío...

dos veinte, cinco quince

me aplasta, me golpea.."


Por sus versos me doy cuenta hoy de que he empezado a hacerme vieja:


"Cuando éramos niños

los viejos tenían como treinta

un charco era un océano

la muerte lisa y llana

no existía..."


A través de su poesía puedo explicarme mejor cuando hablo de amor, decir "te quiero"" a quien quiero decírselo me resulta más sincero, y dedicar estos versos a mi compañero -y estas letras van escritas con toda mi intención- me parece menos cursi que dedicar mis propios versos:


"Tus manos son mi caricia,

mis acorde cotidianos;

te quiero porque tus manos

trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos

mi amor , mi cómplice y todo.

Y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro

contra la mala jornada;

te quiero por tu mirada

que mira y siembra futuro..."


Y por último, si no fuera por Benedetti, yo creería un poco menos en la justicia y sería un poco menos optimista:


"....Cantamos por qué el río está sonando

y cuando suena el río

cantamos porque el cruel no tienen nombre

y en cambio tiene nombre su destino...;

cantamos porque el grito no es bastante

y no es bastante el llanto ni la bronca,

cantamos porque creemos en la gente

y venceremos la derrota...;

cantamos porque el sol nos reconoce

y porque el campo huele a primavera

y porque en este tallo en aquel fruto

cada pregunta tiene su respuesta;

cantamos porque llueve sobre el surco

y somos militantes de la vida

y porque no podemos ni queremos

dejar que la canción se haga ceniza"



Emma Peel

sábado, 4 de abril de 2009

Palabra de honor.

"Hubo un tiempo-dice Don Arturo Pérez Reverte en su Patente de Corso del semanal del 29 de marzo- un tiempo en el que los chicos nos pegábamos a la salida del colegio porque , durante el recreo,se había puesto en duda nuestra palabra de honor.En aquella época , más ingenua que esta...poner el honor como aval era un argumento al que algunos recurríamos con cierta soltura.Quizá porque también oíamos esa palabra en boca de nuestros mayores...en esa recta honradez que suelen tener los muchachos mientras no crecen...Eso solía zanjarse más tarde fuera de clase..puños.Zaca ,zaca. A veces , al acabar , nos dábamos la mano. A veces no.De cualquier modo , como digo , eran otros tiempos. Hoy le hablas a un chico de honor y lo más probable es que crea que acabas de fumarte algo espeso."

En los últimos párrafos del artículo, Pérez Reverte acaba relatando "una historieta personal que viene al pelo. Ocurrió hace casi treinta años, cuando yo conducía por una carretera del sur de España. Adelanté frente a un cambio de rasante, con el espacio justo para ponerme a la derecha sólo unos palmos de la línea continua. Una pareja de motoristas de la Guardia Civil, creyendo desde su posición lejana que yo había pisado la línea, hizo gestos enérgicos para que detuviera el coche. Paré en el arcén, seguro de que no había llegado a infringir las normas. Se acercó un picoleto joven..."¿Quién está la mando?", pregunté. "El cabo", respondió señalando al compañero. Era veterano, bigotudo. "¿Me da usted su palabra de honor -pregunté- de que me ha visto pisar la línea continua?". "Puede irse", respondió. "Gracias", dije. Y ahora intenten imaginar hoy una situación parecida: "¿Me da usted su palabra de honor , señor Guardia?" guardia revolcándose de risa por el arcén. Y luego, haciéndome la prueba del alcoholímetro y calzándome tres multas: "una por pisar la continua, otra por ir mamado y otra por gilipollas"

Hasta aquí la publicación del señor Reverte. Ahora voy yo, que desde luego ni en sueños podría medirme con Arturo Pérez Reverte. Tuve el placer de conocerlo personalmente (Yo a él, claro. No creo que él me recuerde en una sala abarrotada de gente mientras daba una charla). Muchos años han pasado de aquello. Tendría yo unos quince (ya me había enamorado sin remedio de la literatura) y el que llegara a ocupar un sillón en la Real Academía de la Lengua Española, confesó -ante la pregunta de una impertinente señora del público allí presente- que quería creer que empezaba a ser más conocido como escritor, que como presentador de "Código Cero" (creo que se llamaba así su programa televisivo como reportero de guerra). Fue en Santander, dentro del programa cultural que todos los veranos organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en lo que llamaban "Los Martes Literarios". Yo, tímida enfermiza (más aún a los quince años) me quedé con ganas de levantar la mano y preguntarle muchas cosas. Esa tarde, calurosa en el Norte, por cierto, supe -y hoy lo se con más certeza- que aquel era un hombre con principios. Principios que intuyo ha querido trasmitir a través de su obra (no sería tan descabellado que si alguno de los que está leyendo esta entrada tuviera hijos o está pensando tenerlos les ofreciera leer o les leyera las entregas del "Capitán Alatriste". El pobre Don Arturo -creo yo - que, en estos tiempos, se conformaría con eso.)

Aquí los tenemos, a los buenos de los principios. Me los recoradaba el otro día mi amiga Lola ante una incidencia acaecida en mi trabajo con una compañera. Pensé :"Los principios, ¿cómo no había caido?". Tristemente en este mundo sólo hay dos clases de personas. Los que los tienen y los que carecen de ellos. Que cada uno juzgue a que clase pertenece o quiere pertenecer. Uno de esos principios es el que titula el artículo mencionado y el que encabeza este artículo: la palabra de honor, tener palabra (para que nos entendamos mejor).

Lo que a mi me importaba destacar de este artículo es la estrecha relación que hay entre los principios, tener palabra, por ejemplo, con la literatura. Yo he crecido leyendo "Los cinco" de niña; "Don Quijote de la Mancha" de adolescente y como lectura obligatoria del colegio (Gracias a mis profesores. Muchísimas gracias); y "Don Quijote de la Mancha" o "La Regenta" de adulta y voluntariamente (sorry por parecer presumida). Eran libros que me enseñaron, como mi abuelo o mi padre, el valor de los principios. Ignoro si los jóvenes de hoy leerán algo (obligatorio o voluntario); ignoro también si sus padres se preocuparán más de que aprendan principios antes que física cuántica, chino o lo que quiera que se aprenda hoy. Me temo que no.

No voy a ser yo la que diga si pertenezco a un tipo u a otro de personas. Lo que si puedo decir es que soy de esas a las que les resulta tremendamente fácil discernir (llámese intuición femenina o sentido común) a quien tiene palabra y a quien no la tiene. El problema es que mi bisabuela, muy pasiega ella, me enseñó a hacerme la tonta (esta teoría ya la explicaré otro día) y eso, claro, tiene un fallo: el que la gente crea que lo eres de verdad y se aprovechen de ti, si son del grupo de los carentes de principios.

Y como quiera que por azares de la vida he acabado ganándome las lentejas (tiene guasa la cosa)dando palabra de honor, "fe pública" de actuaciones judiciales, quiero dedicarle estas palabras mías de hoy a algunas personas de ese primer grupo, algunas que tienen principios tales como "lo que das te lo das; lo que no das te lo quitas" (no es mía la cita, por supuesto. No soy tan resabidilla) y los pegan en un lado de la pantalla del ordenador o en la puerta de la nevera para que no se les olviden; algunas que, ahora que ya no hay recreo, salen en tu defensa porque se ha puesto en duda tu honor, y te invitan a un cafe y a un cigarro en el bar de al lado del trabajo. Y a los del segundo grupo que se vayan aplicando un refrán que emplea mucho mi padre: "quien siembra vientos recoge tempestades".

Emma Peel

domingo, 29 de marzo de 2009

El escalón de abajo

Carmen Posadas. Otra vez. Lo siento, es mi favorita y ya adelanto que, salvo que se me crucen otras "Palabras divinas", las de Carmen ocuparán también la próxima entrada a este blog.

Después de pasarme los domingos de los últimos años esperando el suplemento de "El Pais" para, cada dos semanas, leer las "Pequeñas infamias" de la señora Carmen Posadas, hete aquí que descubro otra de las muchas posibilidades de internet. Yo. Yo, reacia total a navegar todo lo que no fuera el mar; yo, no sólo poco diestra, sino más bien inútil total hasta para manejar el ratón (soy, para hacerse una idea, de las que localizado visualmente mi objetivo en el ordenador, pego la huella de mi dedazo índice a la pantalla ante las regañinas y la mirada estupefacta de hermano, novio, amigo o ayudante informático de turno); yo que -como Miguel Delibes dijo en una ocasión- creo firmemente que del corazón, de la cabeza a la pluma hay un impulso que el teclado no puede trasmitir y por tanto seguía (y sigo de vez en cuando) escribiendo con mi vieja estilográfica; yo, que,como Carmen Posadas -y cito literalmente palabras de su artículo "Algunas torturas veraniegas"-"en otras épocas de mi vida fingía que me encantaba despimporrame haciendo cosas todo el día para que no me tomaran por rara, para que mi novio de turno no creyera, por ejemplo que era poco "enrollada", o para que mis amigas no creyeran que era un ratón de biblioteca"; yo (otra vez) en fin...yo me encuentro con todos los artículos publicados por esta escritora de un plumazo -y nunca mejor dicho- gracias a esta navegación virtual.

Así puedo hoy comentar con quien se asome al blog no sólo uno, sino varios (Sólo varios, que lástima. Porque me gustaría tener tiempo, espacio y no resultar pretenciosa comentándolos todos, pero me temo que, sobre todo esto último, resultaría imposible. Por eso ya anunciaba que habría más). Hoy me voy a limitar a dos referentes a la búsqueda de la felicidad y a los efectos colaterales de la misma. Dos artículos ante los que mi vista se ha dormido rendida esta semana. Pues bien, habla esta gran articulista en "Efectos colaterales de la felicidad" del engendro de sociedad que hemos creado en la que hay obsesión por huir del aburrimiento, por estar haciendo continuamente cosas, por ocuparnos y sobrecargarnos de actividades (Y a nuestros hijos. Los que los tienen -recomiendo también el titulado "Dejad que los niños se aburran-). Y todo -esto lo digo yo- con tal de no pararnos a pensar, porque -también, esto es cosecha propia- pensar resulta aburrido, y además es de "poco enrolladas" o de gente que nos chinamos. Bien, pues colosalmente termina ese artículo Carmen diciendo que "lo paradójico y a la vez terrible, es que el tedio, no es otra cosa que un perverso efecto colateral de una vida feliz". Ni más ni menos. Ahí es nada. Así pienso yo tambien, caray, así que si no resulto muy tediosa, voy a continuar filosofando con lo que han escrito otros y creando mi página del blog, placer que no podría haber descubierto de no ser porque desde pequeña me enseñaron mis padres a aburrirme y se preocuparon así de dejarme encontrar mis propios mecanismos para sobrevivir al aburrimiento, que en mi caso fueron la lectura, la escritura y el pensamiento .Y así, de paso, me enseñaron a encontrar mi pequeña parcela de felicidad.

El segundo artículo se llama "La búsqueda de la felicidad" y entre sus líneas comenta la señora Posadas como hoy en día es tan dificil de encontrar porque nos empeñamos en comparanos con Angelina Jolie en vez de con nuestra vecina del quinto en estos nuevos tiempos de bonanza (pese a la crisis), a diferencia de lo que ocurría no tan antiguamente. Y tiempos de envidia, diría yo, aunque ciertamente envidia siempre la hubo. Y aquí es donde entra mi teoría (bueno, no es mía, ahora me explico) del "escalón de abajo". Me decía el otro día Rocío, la hermana de alguien querido que su abuela siempre le decía (que lío) que cuando se sintiese desdichada mirase el escalón de abajo, es decir viera que hay gente que está peor. Vamos , el viejo refrán de "mal de muchos consuelo de tontos " reconvertido en mal del de abajo, consuelo propio. Supongo yo que si fuésemos, en vez de con la cabeza tan altiva y con pretensiones tan ambiciosas como ridículas ; que si en vez de mirar tanto al escalón de arriba, mirásemos -como nos enseñaron nuestras abuelas- al escalón de abajo más a menudo, seríamos más solidarios y, por lo menos, menos infelices (valga la redundancia). Así nos va.

Pero como las comparaciones, desde luego para mi, siguen siendo odiosas aunque se trate de escalones, y no quiero correr el riesgo de que piense nadie que envidio la forma de escribir y el éxito de Carmen Posadas (que lo envidio,...las dos cosas) voy a dejar de navegar un rato y disfrutar del efecto colateral de amar la lectura. A ver si encuentro en el dominical de hoy las"Pequeñas infamias" de Carmen. Porque al fin y al cabo si ella no las piensa y las escribe nadie las puede llevar al maravillosos mar de internet.

Emma Peel

domingo, 22 de marzo de 2009

Las palabras que curan


"Las palabras que curan", un libro de Alex Rovira, el autor de "La Buena Suerte".

Sólo por el hecho de que todo lo que se recaude con la venta del mismo a las fundaciones "Sonrisas de Bombay" y "El Xiprer", merecería la pena comprarlo. Igualmente-me dijo quien me regaló este libro -sólo por la dedicatoria inicial ("A la buena gente ,que cree en el poder del amor y en el poder de la palabra y actúa en consecuencia para hacer de este mundo un lugar más habitable"), y por el prólogo de las cuatro páginas primeras, merecería la pena leerlo. En él dice el escritor que lo más milagroso de las palabras es que pueden curarnos.

Dice Saramago que la propia palabra "p a l a b r a" es ya de por si agradable al oido y bonita para el corazón. Si además se hace uso de ella para crear o para recordar lo creado por otros, el resultado puede ser este texto de Alex Rovira. Como él mismo anuncia se divide en apartados vitales (el presente, las crisis, el amor, la buena suerte) y puede leerse según las necesidades de cada uno; o lo que es más mágico, leerse con la intuición, dejar que sea la palabra la que nos encuentre a nosotros, como el destino, abriendo el libro por donde quieran nuestros dedos. Por donde quiera el azar, sin buscar, hallaremos la palabra que nos cure.


Y si las que a mi me han curado pueden curar a quien, por casualidad, haya accedido a este blog, ahí van algunas de las perlas que contienen las páginas de esta obra. Las que me a mi me han ayudado:


"No es posible asegurar el futuro. Sólo es posible perder el presente"
(Ivan Klima)

"Nunca es tarde para ser lo que deberías haber sido"
(George Elliot)

"No importa que no esperemos nada de la vida ,sino lo que la vida espera de nosotros"
(Viktor Frankl)

"Fracasa de nuevo .Fracasa mejor"
(Samuel Beckett)

"La capacidad de dar ese último paso cuando estás agotado es la cualidad que separa a los ganadores de los demás corredores"
(Roger Bannister)

Y esta se la dedico a quien camina conmigo siempre y a la vez hace su camino de fondo ,para que no se agote ahora que tiene que empezar a darlo todo:


"Deberíamos usar el pasado como trampolín , y no como sofá"
(Harold Macmillan)

"Dos caminos se bifurcaban en el bosque , y yo , yo tomé el menos transitado.Y eso lo cambió todo"
(Robert Frost)

"La vida se construye en un diálogo entre el azar y nuestra responsabilidad"
(Alex Rovira)

"Puesto que ignoras lo que te reserva mañana ,puedes darte el permiso de ser feliz hoy"
(Omar Khayyan)


Y así ciento treinta y seis páginas. Pero para que la palabra os encuentre y os cure habría que leerlo entero.Yo sólo he escogido mis palabras


Enma Peel

domingo, 1 de marzo de 2009

Comedia Involuntaria

Haciendo acopio de lecturas para las tardes de lluvia venideras ,me encontré con "Nadie es perfecto",una columna semanal de la revista "Mujer de Hoy" ,de Bárbara Alpuente , que bien podría ser la Carrie Bradsow española si España fuera New York y si "Sexo en New York" no fuera más que una serie de televisión.

En fin, que decidí consumir anticipadamente sus palabras en vez de dejarlas para las tardes de lluvia, porque era posible -me engañé a drede- que ni llegaran. El caso es que esta periodista siempre consigue que me ria , o por lo menos , sonría y me sienta menos "rara". Y si "la risa es la distancia más corta entre dos personas"(Victor Borges) y estas personas no se conocen más que a través de la escritura y la lectura de una artículo ,entonces es que -como le escuché decir a Mario Conde en televisión- para los que tenemos creencias "raras", en esas palabras se coló un trozo de espíritu bueno.

Y aquí van las líneas que me hicieron llegar a esta conclusión (del artículo titulado "Comedia involuntaria"):

"Mi fe en los seres humanos renace cuando compruebo su enorme capacidad de reirse de casi todo lo que les sucede. Algunos de los mejores momentos de mi vida vienen de malos tragos compartidos con amigos. Risas tras una ruptura, risas tras un despido, risas tras una situación humillante o risas tras un despido seguido de una ruptura. La comedia involuntaria es un género a explotar. Hay que estar a favor de todo aquello que no queremos que suceda, pero que, si estamos atentos, puede hacernos reir a carcajadas. Confiemos en el destino, porque a veces es más listo que nosotros".

Confiemos pues y mantengamos al día la comedia involuntaria, que ciertamente es un género cuya pervivencia depende de la actitud que tomemos en nuestra vida, porque podemos practicarla a diario ante cada situación dolorosa para hacerla más llevadera, y de la clase de público que tengamos ,que en este caso, no puede ser otro, que el de -como ya dice el artículo- los buenos amigos.O amigas.

Emma Peel

domingo, 8 de febrero de 2009

Desayuno con diamantes frente al Sugarpop

Tomándole la mano a Mellboy que ha iniciado este blog y me anima a comentar todo tipo de ilusiones literarias, artísticas y demás me atrevo a compartir la última tarde de mi visita a la ciudad con duende.


Fue el 31 de enero, y al igual que Amaral se rindió a Granada, Granada se rindió a Audrye Hepburn. Justo en frente de la mítica "Sugar Pop"( no se si casualidad o no), a la entrada de la sala de exposiciones Gran Capitán los granadinos ( y yo ,que no lo soy) hacíamos cola como no había visto nuca hacerla a la puerta de la "Sugar", soportando el frío y doblando la esquina donde acababa la calle.




Pero cuando por fin conseguías llegar dentro era como la última oportunidad. La última de ver a un mito del cine y de sentir a un "ángel". Los diamantes de "Tyfanys", el vestido negro de "Desayuno con diamantes" y el de "Sabrina"(la primera y la auténtica "Sabrina"), los carteles de sus estrenos cinematográficos, el oscar por "Vacaciones en Roma"(a nuestra Penélope se la ha querido comparar en elegancia y glamour con Audrye en esa película y pronto podría poner en su vitrina su oscar; pero no sería como el de Audrye), sus características gafas de sol negras, y sobre todo las fotografías de su última época, como embajadora de Unicef ,organización a la que se destinan todos los ingresos que se obtenían con esta exposición.


Supongo que los ángeles tienen eso , que consiguen seguir siendo ángeles incluso después de haberse ido.
Emma Peel